Madrid, 22 abr (EFE).- Jaime Bayly ha sido y es, cumplidos los 51, un "niño terrible", un hombre feliz, un escritor que duda "todo el tiempo" de su valía, un "pinga loca" que no ha sabido "gobernar" su entrepierna, esa "república independiente que tiene sus propias leyes". Y "sí", la causa de muchos de sus problemas.